ERRORES DE LA MEDITACIÓN EN LA VIDA COTIDIANA II: Errores sobre la atención; yo vs los otros.

En un artículo anterior tratábamos de dar claridad a dos términos, contemplación y sensibilidad o empatía, sobre lo que considerábamos que a menudo se producía una mala interpretación que nos hacía generar ciertas tendencias a errores.

Sin necesidad de ser necesaria su lectura para el objetivo del presente, nos centraremos en este artículo en los defectos de la atención en la vida cotidiana (contemplación si queremos), que llevan a generar un desequilibrio en el modo de relacionarnos con los otros.

Defectos en la relación: yo vs otros

Simplificando mucho, podríamos decir que hay dos estilos de relación para con los otros.

  1. El primer estilo de relación podríamos señalarlo como el egocéntrico o narcisista (llevado a extremo claro está). Es decir el tipo de relación sea puntual con alguna persona o sea más una tendencia de la persona, a ignorar las necesidades y sentimientos de los otros centrándose en las necesidades y deseos de uno mismo. Su malestar o bienestar depende de la medida en la que satisface sus propios impulsos, deseos y tendencias.
  2. El segundo estilo de relación podríamos llamarlo dependiente o de servicio. Es decir, el tipo de relación ya sea puntual o de tendencia de personalidad en la cual la persona esta demasiado pendiente de los otros, generando una dependencia de ellos. Su bienestar o malestar depende en gran medida de los otros y no de si mismo, las necesidades de los otros pasan a estar por encima de las propias.

Insistimos en que esto es una extrema simplificación pero suficiente para el tema que nos ocupa.

Nos daremos cuenta que ambas tendencias son en realidad opuestos en un continuo donde luego hay todo tipo de variaciones relativas a en que punto del continuo nos situamos, y a la comprensión de que aunque haya una tendencia, no con todas las personas nos comportamos igual, siendo egocéntricos con algunas, y dependientes con otras.

¿Qué está sucediendo para que esto sea así?

El defecto de la atención

Cuando comenzamos a meditar, sea cual sea el sistema que practiquemos, nos daremos cuenta de que hay un trabajo muy profundo con la atención.

Esto nos debe llevar a pensar o considerar que esta tiene mucho que decir en cualquier trabajo posterior meditativo, no sólo por la capacidad de estar atentos, sino de desarrollar la atención correcta.

Como decimos hay todo tipo de sistemas de meditación, algunos de ellos implican retiro y solitud, otros buscan ser capaces de meditar en lo cotidiano, de no tener que separarnos de la vida para poder desarrollarlos. Es en este tipo de sistemas a los que en este artículo me estoy refiriendo.

¿Pero, qué es la atención correcta?

Ya que esta de moda, pero es un modo de referirse a la meditación mucho más antiguo que lo que un copyright pueda establecer, la atención correcta es la atención plena.

Es un termino tan habitual en el ambiente meditativo, que a veces no llegamos a plantearnos qué es lo que realmente significa.

Atención plena parece significar ser capaces de estar plenamente presentes en el lugar espacio temporal que ocupamos en cada instante. Comprendemos que habitualmente estamos más en nuestras proyecciones mentales que en lo que está ocupando nuestro espacio y tiempo en cada instante, aunque comprendamos también que hay momentos y lugares para ocuparse de lo que implique proyecciones mentales (nunca hablaremos de la negación del pensamiento; en la vida cotidiana y bien usado, es una herramienta muy útil y válida).

Todo lo anterior, curiosamente nos lleva a ir siendo más conscientes de lo que nos rodea.

  1. Cuando estamos con otros, somos capaces de tener una atención plena en ellos.
  2. Cuando estamos solos, somos capaces de tener una atención plena en lo que hacemos, o en nosotros mismos.

He aquí el origen del error.

Estamos tan acostumbrados a separar, que incluso en los procesos atencionales separamos, diferenciando el espacio en el que posamos la atención. No estamos en realidad señalando o haciendo referencias a nada metafísico, sino a algo más simple;

  1. Cuando tenemos atención plena en los otros, a menudo nos olvidamos que somos parte de esa realidad plena que queremos contemplar.
  2. Cuando estamos solos a menudo tenemos una atención que casi es concentración en los aspectos más llamativos de nosotros mismos convirtiéndose a veces en una atención que alimenta los aspectos patológicos de nuestro yo. Por ejemplo, atender en exceso la tristeza la alimenta y la puede transformar en depresión. No estamos diciendo que debamos negar la tristeza, sino comprender que para que esta evolución de tristeza a depresión, se debe producir un defecto de la atención en la cual esta en lugar de ser plena se centra sólo en nosotros y además no sólo en nosotros sino en una parte que alimentamos.
  3. Por lo general el exceso de atención en nosotros del modo narcisista y egocéntrico que retira nuestra atención de los otros, suele ser corregido con facilidad en parte por la meditación, pero solo en parte. Alguna vez he oído a algún maestro referirse a la depresión como la enfermedad más narcisista que hay. Se la considera la enfermedad del “yo”, yo estoy triste, a pasado esto o lo otro, pero yo, yo, yo, yo… Por lo que podemos comprobar que ser narcisista y egocéntrico es un patrón muy general que no solo se refiere al sociópata, sino también a perfiles en apariencia opuestos.

Vemos pues como en todos estos casos, de algún modo se esta produciendo un defecto en la atención en el cual o dejamos de atendernos a nosotros al ser más conscientes de los otros y de lo que nos rodea, o bien al tomar más consciencia de nosotros mismos podemos vernos captados por un aspecto concreto de nuestro ser. Sea cual sea el aspecto de nuestro ser y por positivo que pueda parecer de partida dicho aspecto, la atención centrada sólo en un aspecto lo hará crecer de manera patológica.

¿Qué significa todo esto?

Al meditar y desarrollar la atención plena, es una primera cualidad que queremos poder llevar a nuestra cotidianidad.

Meditar para ver el mundo tal como es sin añadir ni quitar nada implica varias cosas.

-La segunda de ellas es ser capaz de contemplar el mundo sin dejar de contemplar la completitud de ese mundo, es decir sin olvidar que somo parte de ese mundo, parte de esa realidad, de tal modo que podamos desarrollar una relación equilibrada e incluso si queremos ecuánime con los otros. Una relación dónde los tenemos en cuenta pero dónde también nos tenemos en cuenta, porque somos capaces de contemplar la realidad completa y por tanto de contemplarnos en la misma.

Aún así vamos a hablar ahora de ese tenernos en cuenta, que creemos que es la primera implicación (si recuerdas en el anterior párrafo empecé la enumeración diciendo la segunda de ellas; vayamos ahora a la primera de ellas).

La primera de ellas; la primera relación, nosotros.

No es mi objetivo discutir si la primera relación es con nosotros o es con la madre o similares. Es simplemente un modo de hablar para explicar aquello que estamos tratando de hacer.

Hemos visto como en la práctica de la atención plena desarrollamos una atención que nos permite contemplar y contemplarnos en la realidad de tal moco que no generemos el defecto de estar sólo en nosotros o sólo en los otros.

Debemos analizar un poquito más en detalle la relación en solitud, cuando estamos solos y nos relacionamos con nosotros mismos, relación a la cual nos estamos refiriendo como la primera relación.

Hemos señalado los peligros de la atención sobre nosotros, pero no cabe duda de que esa atención es importante y que debemos en los instantes de solitud y de inactividad centrar especial atención en ella.

Esa primera relación pasa por una buena atención sobre uno mismo que nos permita contemplarnos, observarnos, vernos, eliminando las barreras y tabúes que nuestra propia educación nos ha impuesto, para que simplemente podamos vernos sin añadir o quitar nada, sin ocultarnos y sin querer aparentar. Puede parecer muy fácil de decir, pero debido a todo el bagaje que llevamos, este proceso es arduo y lento.

En los trabajos meditativos formales, trabajas al inicio sólo en ejercicios donde no estas en relación activa con otros ni con tu entorno, con lo cual además de tratar de generar o desarrollar esa atención plena, lo primero es ser capaz de aplicar esa atención plena al espacio más inmediato de tu cosnciencia, es decir a ti mismo.

No lo separamos en yo u otros, sino en el espacio de lo más cercano hacia poco a poco hacia lo más lejano.

Esa atención plena hacia nuestro espacio y si queremos espacio interior debe evitar caer en los defectos selectivos de la atención que se centren en un aspecto o que oculten otros, para poder establecer con nosotros una primera relación sincera.

Esta relación sólo puede establecerse con corrección si desde esta intencionalidad de apertura hacia nosotros mismos aplicamos la otra pauta que señalamos en el artículo citado de la apertura de corazón, sensibilidad o empatía hacia nosotros mismos.

Sólo esa compasión hacia nosotros (compasión como amor incondicional), permitirá que nuestra atención pueda abrirse hacia los aspectos mas profundos de nuestra individualidad

Al hacerlo, no estamos fomentando el narcisismo o egocentrismo, ya que no es una atención que se centre sólo en un aspecto (alimentándolo y patologizando), o que busque con lo que encuentre generar un cambio generando violencia hacia nosotros mismos. Solo busca contemplar, para desde la contemplación, comprender de un modo no verbal lo que hay y en esa comprensión aceptarlo en este instante como lo real, lo que verdaderamente hay (sin juzgarlo como bueno o como malo), para poder realmente desde esa aceptación a cada instante ocuparnos de lo que toque incluso si dicha ocupación se dirige hacia un cambio.

Esa empatía y comprensión de nosotros mismos, lejos de generar ese narcisismo, busca a que desde el valor de habernos mirado a nosotros, tengamos el valor para mirar hacia los otros y hacia el exterior, pero desde nosotros, o si queremos, que contemplemos la realidad completa en la que estamos incluidos.

En dicha atención plena, y al estar incluidos, no nos olvidamos de nosotros mismos, sino que favorecemos la generación de relaciones sanas con el entorno y con los demás, y de hecho al cuidar y tratar especialmente la relación con uno mismo con esa empatía y apertura, nos dota de la capacidad de desde esa primera relación (sin miedo) poder relacionarnos del mismo moco con el entorno y con los demás, donde los defectos de autocentramiento o del centramiento en los demás poco a poco vayan siendo regulados.

Conclusión

Viendo que los defectos de la atención nos llevan a relacionarnos con los demás generando relaciones dependientes, o bien nos llevan a tener demasiada atención en nosotros generando un autocentramiento que nos puede llevar desde la depresión a la sociopatía, comprendemos la necesidad de en nuestras vidas cotidianas generar una “atención plena” en la cual “estemos presentes en el mundo”, es decir atentos al mundo en nosotros y en nosotros en el mundo.

Dentro de la idea básica de que al meditar y sobre todo al llevar la meditación a la vida cotidiana debemos comprender que en parte se trata de ocuparnos de lo que nos ocupe en cada instante con plena consciencia, hay mucho momentos en los que la sana soledad hace que seamos nuestra plena ocupación.

En esta ocupación hacia nosotros en dichos momentos, debemos ocuparnos de nosotros, evitando evitarnos (insensibilización hacia nosotros mismos, evasión, hiperactividad que no nos deje sentirnos), y al ocuparnos desarrollar en esa solitud una primera relación sensible y tierna hacia nosotros mismos que nos permitar ver sin enjuiciar y nos permita ver sin por ello dejar de ver otros aspectos de nuestro espacio interior. Dicho de otro modo, atrevernos y aprender a vernos con una plenitud tierna y amorosa que establezca la primera relación, desde la cual relacionarnos y si queremos fundirnos con el mundo.

Abel Alamillo.

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